El fútbol es especial, para bien y para mal

Cristiano Ronaldo. EFE

La ‘tristeza’ de Cristiano Ronaldo está copando mucho (demasiado) espacio en la información deportiva de los distintos medios, en algunos casos hasta por encima de la actualidad pura y dura. Más allá de que cada medio/empresa es libre de informar/actuar como le plazca, este asunto y sus consecuencias (las que ya se están dando y las que vendrán) refrendan que el fútbol ha calado tanto en la población que, a veces, tiene unos códigos distintos al del resto de la sociedad en la que se engloba. En este caso para mal.

No voy a discutir si lo de Cristiano es una pataleta propia de un niño malcriado o está triste de verdad, me preocupa más la respuesta que generaron sus declaraciones. Fue decir eso y empezaron a llover tanto muestras de solidaridad como críticas. Hasta ahí todo normal. Lo que ya no lo es tanto fue la reacción del Real Madrid: a ver qué hacemos para que cambie, porqué le pasa eso, ¿quiere que le subamos el sueldo? ¿Lo hacemos?… No me imagino a ningún directivo ni a ningún jefe de ninguna empresa en estado de alerta porque un empleado suyo, por muy importante para la compañía que sea, ponerse en estado de alerta por decirle que está ‘depre’. Tampoco es normal el excesivo bombo que se le está dando al tema.

Por cierto que este caso del futbolista portugués no es ni mucho menos único. Cristiano Ronaldo no es el primer ni será el último futbolista que presiona a su club para conseguir mejoras, normalmente salariales. Y en la mayoría de los casos lo consiguen (en otros no). También hay casos de futbolistas que dejan sus equipos sólo porque en su nuevo destino van a ganar más dinero. El ejemplo más reciente es el de Ibrahimovic, que cambió el Milan por el PSG francés por obra y gracia de 12’5 millones de euros anuales.

Lo dicho: el fútbol funciona de otra manera.

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