Los deportes olímpicos, de jaleo en jaleo

Ana Tarrés, en un entrenamiento. EFE

Los Juegos Olímpicos de Londres terminaron hace un mes y medio aproximadamente, pero algunos de nuestros protagonistas en esa cita siguen siendo noticia, pero no por sus méritos deportivos, que sería lo conveniente, sino por polémicas o problemas de diversa índole. El caso más famoso está siendo el de la Natación Sincronizada y el despido/no renovación de Anna Tarrés, pero hay más: La ‘pelea’ de Mireia Belmonte con su club y las consecuencias del recorte en las subvenciones estatales a las federaciones son otros dos focos pendientes de solución.

El caso de Anna Tarrés es el más relevante por todo lo que conlleva el sacar a la luz trapos sucios. De momento no se sabe con seguridad si las durísimas acusaciones contra ella por sus métodos de trabajo son ciertas o falsas, pero es significativo que las nadadoras actuales no las hayan desmentido y que la defensa que han hecho de su ya ex seleccionado haya sido muy tibia (cuando la han defendido). También comparto la reflexión hecha por el presidente de la Federación Española de Natación de que no se pueden ganar medallas a cualquier precio. La disciplina, el rigor, e incluso la dureza son necesarias para obtener resultados en la alta competición, pero hay unos límites que no deben saltarse. Y de esto último está acusada Tarrés, que como era de esperar ha contraatacado y emprenderá acciones legales.

No dejamos el agua ni a otra triunfadora, en este caso Mireia Belmonte. La doble medallista de plata ya no pertenece al CN Sabadell y ahora deberá buscarse un nuevo entrenador y un nuevo club para poder competir y, lo más importante, poder preparar en condiciones  los Mundiales de 2013. En su caso el problema es económico (ay la crisis). Belmonte finalizaba su contrato con el club catalán el pasado 30 de agosto, y no se ha renovado por diferencias económicas principalmente, pero no sólo por ellas. Ofertas no le van a faltar a la nadadora, ése no es el problema, la cuestión es que lleva dos meses sin entrenar y está por ver que el método que siga a partir de ahora sea tan bueno como el que llevaba hasta ahora. Vamos, que se abren unas incógnitas innecesarias a su rendimiento futuro. Malo para el deporte español.

Y por último tenemos está la cuestión, también relacionada con la crisis, de la reducción de las subvenciones estatales (vía Consejo Superior de Deportes) a las distintas federaciones. Esta reducción, que será grande aunque aún se desconoce la cantidad exacta, tendrá funestas consecuencias para los deportes con poco tirón mediático (como badminton, gimnasia, halterofilia, por poner algunos ejemplos) y que tienen por ello difícil obtener ingresos de la empresa privada o por patrocinios. Está claro que el talento es necesario para ser buen deportista, pero sin dinero es difícil entrenar adecuadamente y formar convenientemente a las jóvenes promesas. Malo también para el deporte español.

En resumen, por motivos varios, las medallas y éxitos futuros del deporte español en Mundiales o Juegos Olímpicos corren un serio riesgo de estancarse. Con todo, es un error caer en el inconformismo. Porque las subvenciones e acaban para todos (no sólo para el deporte) y a lo mejor es la oportunidad para cambiar los modelos de gestión.

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